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lunes, 15 de octubre de 2012

Noche en el cine

En el cine. Antes de que empiece la película. Aparece un bote con un tigre de bengala y un chico. Son Pi y Richard Parker. El avance continúa y me lleva a Bangkok, a los rincones de Tailandia donde leí el libro. Me entusiasmo porque en unos meses voy a poder ver la película. Le quiero contar la historia a Lau, que está al lado mío, pero tengo lagunas.

Llego a casa y agarro el libro de tapa azul del estante. Algo se cae. Agarro la foto y ahí estamos, vos y yo. Julio de 2010, en una habitación en South Melbourne. Estamos abrazados. Del otro lado, el poema que copié de The Reader:

When we open ourselves
You yourself to me and I myself to you
When me submerge
You into me and I into you
When we vanish
Into me you and you into I

Then 
am I me
And you are you

Releo algunos párrafos, salteo páginas, las imágenes vuelven, ato hilos sueltos. 


jueves, 23 de agosto de 2012

Home is where the heart is

Mientras el violinista tocaba música celta, un hombre leía un poema. No le presté atención, pero una frase me quedó grabada: "... y el corazón retornó al hogar".
Al fondo una luna llena ocupaba la pantalla. Antes, había visto los extensos campos verdes.

Me imaginé allí. ¿Llegaré dentro de un año? Sentí el rocío, la inmensidad de los paisajes, vi los ríos. 






Recordé que hace dos años mi corazón traicionó a la tierra donde nací; estaba convencida de pertenecer a otro lugar. ¿Cómo podía ser? ¿En qué momento sucedió? Tal era la culpa que lo negué hasta el cansancio. Escribí 3010 palabras al respecto. En la última línea sentencié: "Quizás sea bueno que considere que este es mi lugar".

Tal vez tengan razón y el hogar es donde está el corazón. Y tal vez sea hora de que este corazón vuelva a sentir.




(Claro que no lo vi en chino ni japonés, es el único video que encontré)

viernes, 27 de julio de 2012

El no exilio



Doy vueltas. Bordeo dando vueltas porque no puedo ver dónde hay que entrar, qué es lo que hay que ver. Como si fuera ese carretel, y ese hilo solo hubiera sido creado para quedarse ahí. Bien podría zurcir una camisa, alegrar un almohadón. O también, quedarse ahí.

Me quedo. Comprimida. Entonces pienso en irme y me acuerdo que alguna vez lo hice. Recuerdo también que violví para vivir liberada, como aquella vez creí hacerlo. Tendría que aprender.
Resisto desde el alma, dice el cuerpo.
Comprimida, me quedo. 

lunes, 9 de mayo de 2011

¡Felices 85!


Otro post en el que podría haber contado más de Buenos Aires, de mi lento pero de algún modo perseverante recorrido por estos cercanos lugares desconocidos.
La excusa es que siempre me parece que hay algo más importante para contar. Mejor dicho, aquello que necesito escribir poco tiene que ver con –en este caso– la lancha, el río marrón, el último sol del verano, las tres personas que vimos en todo el día.

Llegamos a Tigre con la excusa del cumpleaños de nuestra abuela. Había cumplido 85 años y, alrededor de 100 mails más tarde, decidimos que el mejor regalo era que sus cinco nietos pasáramos un día con ella.

Nos trajeron unas riquísimas empanadas dulces, que disfrutamos al solcito, y no sé cómo, nos pusimos hablar del yoga. Ese tema derivón en la energía y luego en la forma en que uno encara la vida. Más que la forma en que la encaramos, cómo vivimos la realidad, si está todo escrito o eso es justamente lo que hacemos (o intentamos hacer). Se armó un lindo debate. Pasamos a la mesa. Había como un bebedero para los picaflores; jamás vimos tantos juntos. La dueña de la hostería nos habló hasta agotarnos –o no recibe mucha gente o no sabe cuándo es momento de retirarse.

Este fue mi highlight del día:

-Vos escribías historias terribles cuando eras chica -, mi abuela le dijo a mi hermana, riéndose un poco.
-Muy oscuras, siempre había muertes. Por lo general los protagonistas se suicidaban, ¿no? -intervine.
-Y... es que hay que matar a los personajes para no matarse uno -, dijo el primo poeta.
Mi hermana y yo coincidimos. Nuestra abuela, en cambio, casi estalla de la risa:- ¡ay por favor! Eras una chica con una vida perfectamente normal, tuviste una infancia feliz, ¡cuánta pavada hay que escuchar!


La homenajeada terminó su día feliz con las anécdotas, las fotos para imrpimir, el día exclusivo con nosotros. Feliz y agradecida por la familia y la unión. Me pregunto si es el resultado de no dar lugar a todas las pavadas que hablamos nosotros.

Lo habíamos dicho antes, cada uno elige qué ver, qué escuchar, pero en el fondo, ¿no nos damos cuenta?

jueves, 28 de abril de 2011

San Telmo vacío

Este iba a ser un post sobre San Telmo. Siguiendo un poco con la idea que comenté el día que abrí este blog –o empezando– de recorrer y conocer la ciudad, iba a aprovechar un almuerzo con mi prima para meterme, mirar, escuchar y contar. Iba, porque nuestra charla podría haber ocurrido en cualquier otro lugar, nada importaba menos que dónde estábamos.
De todos modos, dejo unas fotos que saqué en San Telmo, un domingo lluvioso unos cinco meses atrás. Después, un poco de lo mucho que pasó esa tarde.




Sobre Yrigoyen no había ni postes sin cartels con los números. No me quedó otra que preguntar dónde paraba el 86. Pasando el garage, ahí lo esperé. El colectivo pasó por Perú, me llamó la atención la cantidad de vendedores en la calle. (Nota mental: volver después del almuerzo.)
Esperé a la sombra, sobre Paseo Colón. Flor estaba al sol, sobre Independencia. Nos enteramos cinco minutos después, cuando mi impaciencia me llevó a la vuelta (¿cuál es el margen de impuntualidad aceptado?).
Caminamos hasta Defensa. Primera decisión: seguir para la izquierda. Diferente a las (pocas) otras veces que visité San Telmo, este lunes, pasado el medio día, estaba vacío. En la plaza había turistas, disfrutando del sol y los menúes ofrecidos por los restaurantes. Como ese precio no nos iba a permitir disfrutar mucho a nosotras, pegamos la vuelta y nos sentamos en una cafetería por ahí.
Hablamos, hablamos y hablamos un poco más: la inminente mudanza de una, el trabajo de otra, la llegada de las vacaciones paradisíacas, la foto que encontré hace poco y el plan del viaje.

—Yo me acuerdo que siempre hablábamos de Nattie, que imaginábamos cómo era —, mi prima me repitió lo que me dijo hace unos años. Eso que me hizo recordar, y fantasear otra vez con Nattie, la de la foto blanco y negro. Es mi abuela, la que no conocí, pero de quien cada vez estoy más cerca.

jueves, 24 de marzo de 2011

Brunch

Nos encontramos en la estación de tren de Belgrano R.
Fue distinto a cuando nos encontrábamos allá, no solo por la diferencia entre el tren y el tram, sino por el efusivo abrazo. Desde junio que no nos veíamos.

Partimos hacia Oui Oui, y después de varias vueltas a causa de un manejo distraído por relatos desesperados, llegamos a donde nos deleitaríamos con nuestro programa de fin de semana Melbouriano: el brunch.
El lugar me transportó inmediatamente a uno de los que más me gustó de allá, es uno que queda en Fitzroy. ¡No me puedo acordar el nombre! No soy buena describiendo, no sé qué me transportó a este otro "cafecito", pero lo encontré muy parecido.


No había dudas que el plato elegido sería el de revueltos con tostadas, más ensalada verde que rebalsaba del plato. Nos pusimos al día con las novedades de último momento y, para no perder la costumbre, comparamos.
Por suerte yo venía mejor anímicamente así que la nostalgia que me acompañó durante la tarde que pasé con Cata no se transformó en la angustia que me tenía por el piso.
Pienso que lo importante es escribir la historia donde sea que esté, sin pensar (tanto) dónde voy a terminar. Mientras no me regocije en la ansiedad y trate de estar un poco  más en el ahora, va a haber algo para contar.

Me puse a pensar que Melbourne va a seguir allá (bah, nunca se sabe tanto). Es una obviedad pero a veces poner en palabras lo más simple, lo que está tan delante nuestro, ayuda a calmar las aguas.

Y en Melbourne, probablemente, siga estando Cata. Allá o acá, ojalá no falte mucho para un brunch, una tarde de compras, una cena de jueves, una vuelta al lago, una sesión en la peluquería, un café, y así podría seguir. Ojalá.
¡Te voy a extrañar!